En medio de una competencia global cada vez más agresiva y tras años de advertencias desoídas, la Comisión Europea presentará la próxima semana un conjunto de medidas destinado a frenar la fuerte dependencia del bloque respecto de China para el suministro de materias primas críticas. La iniciativa, que incluye el nuevo plan ResourceEU, busca replicar el enfoque de RePowerEU aplicado tras la crisis del gas ruso, aunque autoridades y expertos coinciden en que el desafío será de mayor complejidad.
Señales tardías ante un escenario global más hostil
Pese a que la erosión del modelo tradicional de comercio basado en reglas quedó en evidencia con el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca, la respuesta europea ha sido catalogada por su propia industria como lenta e insuficiente. “Europa se ha vuelto más vulnerable por su dependencia de terceros países”, recordó la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, al enumerar los riesgos derivados de los aranceles estadounidenses y de la creciente presión competitiva de China.
Ese diagnóstico se agravó tras las recientes amenazas de Pekín de ampliar las restricciones a las exportaciones de tierras raras, un insumo esencial para industrias clave como la automotriz, la energía limpia y los semiconductores. La UE, según el comisario de Industria, Stephane Sejourne, ya no es una víctima colateral de las tensiones entre Washington y Pekín: es un “objetivo directo”.
El plan ResourceEU y los desafíos de financiamiento
La llamada Doctrina de Seguridad Económica —que será presentada el miércoles— contempla medidas para fortalecer la autosuficiencia industrial, incluido el programa ResourceEU para materias primas críticas. Sin embargo, el camino para reducir la dependencia de China se proyecta arduo. A diferencia del gas natural, los materiales estratégicos no cuentan con sustitutos inmediatos, y China domina tanto la explotación como el procesamiento a costos imbatibles.
Funcionarios de Bruselas reconocen que la creación de una industria europea de minerales críticos deberá partir casi desde cero, abarcando exploración, extracción, refinación y almacenamiento. Como respuesta inicial, la Comisión planea destinar 3.000 millones de euros del presupuesto comunitario a 25 proyectos prioritarios, enfocados en tierras raras, galio, germanio y litio. No obstante, la financiación de largo plazo sigue siendo incierta y las empresas demandan garantías de precios mínimos para asegurar retornos.
Competencia internacional y presión de la industria
Mientras Europa afina su diseño institucional, Estados Unidos, Japón, Canadá y Australia avanzan con programas multimillonarios para asegurar cadenas de suministro diversificadas. Ejecutivos del sector advierten que la UE podría quedar rezagada sin medidas más ágiles. “El tiempo está en contra de la UE. Han sido demasiado lentos”, afirmó Mika Seitovirta, de Sibanye-Stillwater.
Bruselas intenta cerrar acuerdos en países como Brasil, Sudáfrica y Australia, pero estos anuncios aún no se traducen en inversiones concretas. En paralelo, el Pentágono estadounidense ya ha suscrito contratos que garantizan precios mínimos, lo cual elevó las expectativas globales y atrajo proyectos originalmente pensados para Europa.
Reciclaje, reservas estratégicas y nueva institucionalidad
Dado el escaso desarrollo minero del continente y los tiempos prolongados para habilitar nuevos proyectos, el reciclaje será un pilar central del plan europeo. Sin embargo, autoridades admiten que incluso esta vía requiere un flujo estable de materiales. Como complemento, la Comisión ha puesto en marcha un mecanismo piloto para compras conjuntas y almacenamiento estratégico de minerales críticos, aunque las decisiones sobre ubicación y materiales se tomarán recién cuando el nuevo Centro Europeo de Minerales Críticos —inspirado en el modelo japonés— entre en funcionamiento en 2026.